viernes, 7 de noviembre de 2008

"MI HIJA JIMENA NO TIENE CEREBRO, PERO SE COMUNICA CON EL ALMA"

No ve, ni oye, no puede moverse ni hablar, pero desde su silla Jimena está llegando más lejos que muchos de los que podemos hacer todas esas cosas. Desde que la familia de Pepe y Celia la adoptó, cuentan que ella les ha hecho mejores personas.
Es una niña muy especial que, con la única forma de comunicación que puede tener, la espiritual, está cambiando a mucha gente. Como dice su padre: “cuando acabamos con estos ‘seres de luz’, como Jimena, dejamos al mundo en tinieblas”.

Por la casa de Celia, Pepe y sus cuatro hijos en México, DF, habían pasado muchos bebés. Celia era voluntaria de Yoliguani, una obra de apostolado promovida por el movimiento Regnum Christi, que acoge a niñas embarazadas, de 14 a 18 años, que tienen a sus hijos para darlos en adopción.
Como la capacidad del centro es muy limitada, los niños a la espera de una cunita han pasado alguna temporada acogidos en casa de los Carredano: “Como el cunero es pequeño, y las instituciones privadas no lo tienen fácil con el Gobierno en México, cuando las ocho cunitas están llenas, las familias los tenemos en casa. Por la mía habían pasado 18”, cuenta Pepe.
Una de ellas fue Jimena. Su madre tenía 15 años y su padre 16, y nunca supieron que estaba enferma. “Su madre fue muy generosa porque tuvo al bebé y lo dio en adopción”, afirma el que es hoy su padre.
imena tenía ya una familia adoptiva cuando su nueva madre empezó a notar que su comportamiento era extraño. “Un mes después nos la devolvió, porque no comía, lloraba, se convulsionaba, y ella no tenía dinero para hacerle las pruebas que le recomendó el médico”.
Los Carredano se la llevaron a casa y el neurólogo descubrió que tenía un problema: “Nos dijo que Jimena había nacido sin cerebro. Tiene el tallo y un poco el cerebelo, donde tiene toda la parte vegetal y animal, pero no oye, no ve... Es un caso raro porque normalmente los niños con ese problema no viven más de ocho meses o un año, y ella ya tiene seis. El neurólogo dice cuando la ve: ‘Bueno, ya llegó el milagrito’”.
Una pequeña gran maestra
Poco tiempo después, la familia decidió adoptarla. Sus órganos están sanos, pero la única relación que Jimena tiene con el exterior son las vibraciones de su oído, y parece que algo de tacto, porque a veces llora cuando le ponen una inyección. Nota ciertos ruidos agudos o graves, y reconoce de algún modo a su familia. Aún así, su padre cuenta que les ha enseñado muchas cosas.
“A nosotros nos ha ensanchado el corazón. Gracias a Jimena somos mejores seres humanos. Al no tener cerebro, se expresa sólo con el alma, con el espíritu. Aún así, Jimena es la gran luchadora a favor de la vida. Mi mujer la ha llevado a varios congresos de diputados donde están tratando leyes en relación con la vida y se la pone en los brazos, les habla de cómo es y los deja marcados.
“Está cambiando la forma de pensar de mucha gente. Con los cuatro hijos que tuvimos Dios estaba preparando la familia para acoger a Jimena y que trabajara mucho. Y está trabajando mucho. Ahí tenemos un ser puro, tan privilegiado y especial que te da lo que necesitas, un regalo indescriptible de paz y felicidad. Con esa comunicación espiritual te acerca a Dios.
“Su tiene un año y lo primero que hace al llegar a casa de los abuelos es ir a verla: “Le da besos, se acuesta con ella... Y ¿qué le podrá dar una niña que ni se mueve ni habla? Te das cuenta de que esas almas se están comunicando espiritualmente. Y esa comunicación es la que nos cambia, más que la empírica, la racional, la pragmática”, asegura Pepe.
Dios quiere a estos seres
“Dios nos manda seres de luz como Jimena, los quiere para que cambien a los demás”, dice convencido su padre. “¿Que viven poco? Pues Dios sabrá lo que es poco o mucho. Yo pensaba que cuando muriera iba a poder encontrarla en el cielo y charlar con ella, pero ahora pienso que soy yo el que va a estar allí esperándola –cuenta con gracia–. Y creo que no hemos visto aún la punta del iceberg de lo que esta mujer puede llegar a hacer”.
“Cuando Dios permite que nazca una persona, es porque tiene una misión”.
Pepe y Celia llevan años organizando congresos internacionales sobre familia, pero aseguran que nunca han hecho tanto bien como Jimena, a pesar de sus limitaciones.
“Te garantizo que yo no he cambiado la forma de pensar de nadie y Jimena ya lo ha hecho. Una señora que quería abortar porque esperaba un niño Down leyó el caso de Jimena en el libro Seres de luz, de Gloria Conde, y al mes y medio –cuando vio que además de Down posiblemente vendría con otros problemas y que hasta se podría morir–, decidió que no sólo no abortaría, sino que si moría, adoptarían a otro niño con Síndrome de Down.
“¿Cómo podría yo conseguir que una persona experimentara ese cambio tan profundo? Yo no podría, pero ella lo está haciendo –asegura su padre–. Esos seres que Dios creó, que para los ojos de algunos, por ser niños malformados, no deben nacer, son los que podrían estar haciendo los cambios en el mundo y nos los estamos cargando. Así nos estamos suicidando”.
Pepe y su familia han comprobado que, independientemente de las habilidades humanas que pueda tener, cada persona tiene un papel en este mundo: “Nosotros hemos visto con Jimena que cuando Dios permite que nazca una persona, que ha sido creada por Él, es porque tiene una misión específica que cumplir”.
Sonsoles Calavera
Revista Alba

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