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miércoles, 19 de mayo de 2010

HOMOSEXUALIDAD, CELIBATO Y PEDERASTIA

(SOLIDARIDAD.NET) Transparencia con censura. Las palabras del Cardenal Tarcisio Bertone en Chile sobre homosexualidad y pedofilia han provocado la ira políticamente correcta de quienes, por una parte, piden total transparencia en los casos de abusos, y, por otra, censuran los datos que no les gustan.
Ante la pregunta de si se da una relación entre el celibato y los casos de pedofilia, el cardenal Bertone respondió: “Muchos psicólogos, psiquiatras, han demostrado que no hay relación entre celibato y pedofilia, y en cambio muchos otros han demostrado, y me lo han dicho recientemente, que hay una relación entre homosexualidad y pedofilia”.
Desde luego, hay que tener en cuenta que se trataba de una rueda de prensa, no de un simposio científico. Como después aclaró el portavoz de la Santa Sede, padre Lombardi, “no es competencia de las autoridades eclesiásticas hacer afirmaciones generales de carácter específicamente psicológico o médico, para las cuales remiten naturalmente a los estudios de especialistas y a las investigaciones en curso”. La afirmación de Bertone, precisó, “se refería evidentemente al problema de los abusos cometidos en el seno del clero y no a los cometidos en el conjunto de la población”.
Los datos disponibles sobre los abusos sexuales entre el clero obligan a plantearse la influencia de las tendencias homosexuales en este problema. El informe publicado en 2004 por el John Jay College, considerado como el más completo sobre el tema en EE.UU., constata que el 81% de las víctimas eran varones y, en su mayoría, se trataba de adolescentes que habían superado la pubertad. La pedofilia, la atracción por niños antes de la pubertad, ha sido un fenómeno menor en los casos de abusos de sacerdotes.
También en las estadísticas facilitadas recientemente por monseñor Charles J. Scicluna sobre los casos remitidos a la Congregación para la Doctrina de la Fe entre los años 2001-2010, resulta que solo un 10 por ciento de los casos eran de pederastia en sentido estricto, mientras que el 90 por ciento tenían que ver con adolescentes: el 60 por ciento hacen referencia a actos sexuales con personas del mismo sexo y el 30 por ciento de carácter heterosexual (cfr. Aceprensa, 15-03-2010). Es decir, en la gran mayoría de los casos se trata de varones que abusan de menores del mismo sexo.
A partir de estos datos, llama la atención que el periodista pregunte por la relación entre celibato y pedofilia, y en cambio nadie pregunte por la posible relación entre sacerdotes con tendencias homosexuales y abusos de menores. Lo curioso es que desde el comienzo de la crisis se haya dado por buena la sospecha –cuando no la afirmación tajante– de que el celibato es el caldo de cultivo de los abusos, mientras se pasa por alto que quienes han incurrido en esa mala conducta han cometido en su mayor parte actos de naturaleza homosexual.
Cualquier generalización sin pruebas es mala, y esto vale tanto para el celibato como para la homosexualidad. Bertone tiene razón cuando dice que los estudios han demostrado que no hay relación entre celibato y pedofilia (cfr. Aceprensa 23-03-2010). Los datos confirman que entre el clero católico no se dan más casos de abusos a menores que en otros ámbitos, ya sea la familia, las escuelas laicas, los entrenadores deportivos o los ministros de otras confesiones, que no están obligados al celibato (cfr. Aceprensa 23-03-10). Y si un sacerdote no quiere vivir el celibato, como varón heterosexual lo que le interesarán serán las mujeres, no los niños.
Ciertamente, nadie ha dicho –tampoco Bertone– que cualquier homosexual sea un pederasta ni que cualquier sacerdote con tendencia homosexual abuse de menores. Pero igualmente habría que reconocer que en la Iglesia el problema de los abusos a menores no proviene de los sacerdotes que viven el celibato, sino de los que no lo viven y que, según se ha visto, en su gran mayoría se sienten atraídos por adolescentes varones.
Lo que molesta es que las palabras de Bertone hayan suscitado un tema que hoy es tabú, como si cualquier dato que vaya en desdoro de la conducta homosexual debiera silenciarse. Como ha declarado a Zenit el profesor Massimo Introvigne, los que se rasgan las vestiduras “buscan prohibir la cita de aquellos datos estadísticos que consideran como políticamente incorrectos. Es una forma de censura inaceptable, en ocasiones disfrazada de científica”. Pero los datos estadísticos son números y “estos números, en cuanto tales, no deberían ofender a nadie y no se les puede hacer decir más –ni menos– de lo que dicen”.
Si se trata de acabar con el ocultismo en este tema, no hay por qué silenciar lo que molesta a los nuevos bienpensantes.
Autor: Juan Domínguez- Fecha: 2010-05-04

jueves, 22 de abril de 2010

UNA GRAN PARTE DE LA CULTURA PEDÓFILA ENCUENTRA SU ENCAJE EN LA HOMOSEXUALIDAD

La internacional homosexual ILGA, NAMLA, el partido pedófilo holandés, DIA-N, Krumme13… son algunos ejemplos de fomento del sexo con niños
Pederastia y homosexualidad a menudo van de la mano. El cardenal Tarcisio Bertone vinculó recientemente los casos de abusos sexuales de curas pedófilos a su condición homosexual. Esas palabras le costaron al secretario de Estado de la Santa Sede tener que sufrir la andanada de críticas provocadas por sectores del lobby homosexual y del homosexualismo político. Sin embargo, a los casos ya descritos en el anterior artículo de ForumLibertas.com (el caso del club Arny y de la revista de la organización homosexual Lambda) hay que sumar numerosos casos que vinculan estas dos tendencias sexuales.
Existe una cultura pedófila que encuentra el encaje en la cultura homosexual y que por lo tanto lleva dos transgresiones implícitas. Un ejemplo es el episodio que dio a conocer en el año 2007 el hecho de la polémica adscripción de la Generalitat de Cataluña a la Internacional Lesbian & Gay Association (ILGA).
En aquel entonces organizaciones familiares, culturales y sociales que totalizaron más de 400 entidades denunciaron que el Gobierno de la Generalitat de Cataluña estaba subordinado al lobby gay en muchas de sus actuaciones y pidieron que la Generalitat saliera de la International Lesbian & Gay Association en la que ingresó tiempo atrás.
Con aquel gesto la Generalitat de Catalunya se convertió en el primer gobierno "nacional" (decía el comunicado de la Conselleria de Ciudadanía) que ingresó en la Asociación Internacional de Gays y Lesbianas (ILGA), una plataforma de entidades de activismo y presión del homosexualismo político. Pero, ¿qué es la ILGA?
ILGA, expulsada de ECOSOC por tener asociaciones pro-pederastia
El 18 de mayo de 2006, el Comité para las ONG’s del Consejo Económico Social de la ONU (ECOSOC) recomendó no otorgar estatus consultivo a dos asociaciones ligadas con la Asociación Internacional de Gays y Lesbianas (ILGA, en sus siglas en inglés). La negativa, como otras anteriores resoluciones similares, se basaba en que esas asociaciones en ILGA defendían la pederastia y presionaban para que los estados rebajen por ley la edad de consentimiento para mantener relaciones sexuales y homosexuales.ILGA tuvo estatus consultivo del ECOSOC entre 1992 y 1994, año en que lo perdió por iniciativa del gobierno de Bill Clinton en EEUU, al demostrar que daba cabida a asociaciones pro-pedofilia como NAMBLA (North American Man-Boy Love Association).NAMBLA se define en su web a sí misma como “una organización política, educativa y de derechos civiles” que defiende “el derecho de los jóvenes y adultos de escoger a sus compañeros con los que desean compartir su cuerpo y gozar de él”.
Es evidente que la ILGA ha tenido una historia conflictiva derivada de formar parte de los postulados que piden la legalización de la pedofilia. En 1994, año que fue expulsada del ECOSOC Bill Clinton había amenazado con retirar la contribución de 119 millones de dólares a la ONU si en los organismos de ésta había organizaciones que postularan la legalización de la pedofilia.Cuando en diciembre de 2006 la ILGA volvió a ser aceptada por la ECOSOC la Generalitat se apresuró a formar parte de ella. ‘Caridad, Libertad y Diversidad’… pedófila
Otro ejemplo que vincula ese sector pedófilo con el homosexualismo es el partido pedófilo holandés ‘Caridad, Libertad y Diversidad’ nacido en 2006 y que se disolvió en 2010. Este partido propugnaba las relaciones con menores, también las homosexuales.
Se trató del primer partido declaradamente pedófilo, y que tenía entre sus objetivos la liberalización de la pornografía infantil, de las relaciones sexuales entre adultos y niños, e incluso de la zoofilia, es decir de las relaciones sexuales con animales. El partido holandés ahora disuelto intentaba situar la edad del consenso en los 12 años y por ello había sido acusado de fomentar la pedofilia. Sus representantes decidieron disolverse después de no haber logrado, por segunda vez, recoger las 600 firmas necesarias para concurrir en las próximas elecciones.
A estos ejemplos se podría añadir DIA-N que es un sitio web que promueve la celebración del Día Internacional del Amor por los Niños desde 1998. La fecha fijada es el primer sábado después del solsticio de verano, teniendo en cuenta los dos hemisferios, la celebración se realiza dos veces al año, y proponen que los BoyLover enciendan velas azules en lugares públicos en forma anónima. Existe su prima hermana GirlLovers que promueve las relaciones entre hombres adultos y niñas.
En Alemania la organización Krumme13, fundada en 1993 y disuelta en 2003, animaba a que los pedófilos hicieran conocer su situación, para ello entre 1993 y 1996 presentó la ‘Revista para la emancipación de los pedófilos’, que tuvo cinco números, hasta que el editor fue encarcelado durante un año por tenencia y distribución de pornografía infantil.
La organización Pedofilia Internacional y Emancipación Infantil (IPCE) es un forum para la gente que se dedica a la discusión académica sobre la comprensión y la emancipación de las relaciones mutuas entre niños o adolescentes y adultos. La Ipce se junta una o dos veces al año en un país distinto, publica un boletín y un website, coordina el intercambio (electrónico) de varios textos y guarda un archivo de publicaciones sobre el tema.

jueves, 15 de abril de 2010

EL PROGRESISMO YA PEDÍA LA LEGALIZACIÓN DE LA PEDOFILIA HACE 25 AÑOS

“No es aceptable que se amenace con penas de prisión a adultos que se toman en serio los deseos sexuales de niños y adolescentes y mantienen con ellos relaciones amorosas.”
REDACCIÓN HO.- Alejandro Navas publicó el pasado 13 de abril en Diario de Navarra un artículo titulado El caldo de cultivo de la pedofilia, en el que saca a la luz los intentos de la izquierda por legalizar las relaciones sexuales de adultos con niños:
“Hace veinticinco años, el partido de Los Verdes de Renania Westfalia pidió la supresión de los artículos 174 a 176 del Código Penal alemán, relativos a los abusos sexuales en situación de dependencia y a la pedofilia. Para justificar esa petición se decía:
“La sexualidad practicada de común acuerdo es una forma de comunicación entre seres humanos de cualquier edad, sexo, religión o raza, y debe estar a salvo de toda limitación”. El sexo con niños “resulta para ambas partes agradable, productivo, estimula el desarrollo; en resumen: es algo positivo”. “Las relaciones sexuales entabladas de mutuo acuerdo no se deben criminalizar… No es aceptable que se amenace con penas de hasta diez años de prisión a adultos que se toman en serio los deseos sexuales de niños y adolescentes y mantienen con ellos relaciones amorosas”.
Ese texto se modificó posteriormente, pero de entrada se aprobó con 76 votos a favor y 53 en contra y pasó a formar parte del programa del partido.El caso de los verdes alemanes no constituye un hecho aislado. En el contexto de la revolución sexual de los sesenta y de la convergencia de planteamientos inspirados en Marx y en Freud, socavar los viejos tabúes de la moral sexual tradicional parecía un objetivo inseparable de la lucha contra el orden social capitalista-burgués. El fenómeno rebasa el ámbito de la política y se hace perceptible en la pedagogía y en la cultura en general. La erosión de los viejos valores se convierte en un elemento central del programa educativo antiautoritario y emancipador.
El hecho es que la exaltación de la sexualidad en todas sus modalidades implica admitir la pedofilia, en la teoría y en la práctica. Muchos experimentos de “estilos alternativos de vida”, que proliferan durante los años setenta y ochenta en occidente, con esas comunas en las que, en principio, todo se compartía, también incluían la iniciación sexual de los pequeños.
Conocemos el estrepitoso fracaso de esas fórmulas sociales pretendidamente revolucionarias, pero parece que nos cuesta extraer todas las lecciones que nos brinda su experiencia. Si se ponen determinadas causas, resulta inevitable que se sigan los efectos correspondientes. Ante los escandalosos sucesos de pedofilia que ocupan la atención pública de diversos países es de rigor la aplicación de la tolerancia cero y, en consecuencia, el castigo penal de los responsables. Parece igualmente oportuno revisar y endurecer códigos y reglamentos allí donde la legislación era demasiado laxa o dejaba inquietantes zonas de sombra.
Y además de atender a las víctimas y castigar a los culpables, es urgente adelantarse y trabajar en la prevención. Si no se incide en los factores culturales y educativos que, en buena medida, están en el origen de esos lamentables incidentes, gastaremos nuestra energía en perseguir efectos sin atacar las causas que los producen. La promiscuidad sexual como programa y como forma de vida tiene consecuencias.
Algunas manifestaciones de la ideología de género, herederas de la revolución de los sesenta, pretenden haber dejado atrás los conceptos de naturaleza y de normalidad. Incluso la idea de identidad de género, construcción socio-cultural con que se intenta desplazar al sexo biológico, llega a estorbar, pues la mera noción de identidad impone limitaciones. Ahora priman conceptos como el de “transición”: no hay una identidad estable, sino un juego libre de transiciones, ayudadas o no por la cirugía y los tratamientos hormonales. El papel lo soporta todo, pero la realidad es notoriamente tozuda (ahí siguen sin inmutarse los virus y bacterias responsables de la extensión casi epidémica de las infecciones de transmisión sexual, que van a lo suyo al margen de lo políticamente correcto).
Se entiende, por ejemplo, que el gobierno inglés se muestre consternado por los numerosos casos de abusos físicos y sexuales producidos en los famosos internados británicos. Pero se entiende menos que, simultáneamente, ese mismo gobierno y el parlamento saquen adelante una ley de familia, infancia y educación que, pasando por encima de la voluntad de los padres, establece la educación sexual a partir de los cinco años de edad, con un enfoque que apunta de modo inevitable a la sexualización de la infancia. Otro ejemplo: el gobierno suizo va a distribuir millón y medio de preservativos de tamaño reducido, para uso de los chicos de doce años.
La ministra sueca de educación declaraba en los años sesenta: “Hay que enseñar a la gente a servirse de su sexo como a manejar los cubiertos. Cuando se sabe estar a la mesa, no se piensa más en ello. Con el sexo debe pasar lo mismo, no plantearse más el problema. Por otra parte, nada está mal, nada es anormal”. Quien siembra vientos, desde luego, recoge tempestades.”